retrocede y se
esconde en estampida
tras mis ojos
cerrados al tiempo
y al olvido.
Sola en el umbral
del tiempo, espero
mirándome la
espalda que tuviera
y siendo
la que
érase una vez
será dueña de las
pupilas
que en otro
tiempo nos miren.
Presa de antiguo
vértigo presiento
los golpes
de un mar violento
se agitan en su
orilla
mojándome los
ojos.
Y escucho sordo
el zumbar del silencio
el zumbar del silencio
que raspa,
como si llevara
arena.
Rompo tu ausencia
con un grito.
Tiemblo.
Se estremece mi
sombra con el viento.
Espero.
¿Qué espero?
A mí te espero.



