Inconclusiones MÍNIMAS
Bienvenidos sean a esta cueva. Es un lugar casi siempre oscuro, aunque de vez en vez algún evento natural que responde a causas ignotas o inexistentes (no ha sido posible establecerlo) da un golpe a la penumbra. Entonces este animal se vuelve hacia las paredes y lee lo que a continuación les comparte.
En aras de la justicia se ha de decir que no siempre es fortuito, algunas veces, haciendo de tripas corazón y siempre con una mano pegada a la pared, busca las grietas; otras tantas, se concentra en habituar los ojos a la oscuridad. Algunas cosas se leen mejor así.
lunes, 30 de noviembre de 2015
Petición de principio
Eso con lo que has estado jugando todo el día -dijo muy serio-, es un huevo de dinosaurio. Deberías de dejarlo en paz. Claro que puede ser un huevo aunque no tenga forma de huevo. Lo que pasa es que tú eres tonto y sólo conoces los huevos de gallina. Pero ¿cómo no van a existir los dinosaurios? ¿Con qué te acabo de decir que has estado jugando todo el día?
lunes, 23 de noviembre de 2015
Conversación con el silencio
Me dijo los nombres
impalpables
de las cosas del mundo.
Verdades
que las voces esculpen
cuando callan.
Torpe. Necia yo,
los convertí en palabras.
Me sentí abrazar al mundo
bajo la mirada
del silencio
en mi espalda.
Entonces comprendí:
No había entendido nada.
domingo, 22 de noviembre de 2015
Palabras de más
Como rayo de luna en celo
proyectado hacia un estanque
de peces moribundos.
Así. Tan desesperadamente inútil
es tratar de olvidar.
Como negarse el pan
cuando el hambre espanta
hasta a las moscas.
Así. Tan desesperadamente absurdo
es tratar de entender.
Como
...
Así. Tan desesperadamente abierta
la herida.
miércoles, 30 de septiembre de 2015
domingo, 13 de septiembre de 2015
Respira
Digamos que sostengo
entre las manos
el umbral de tu nombre
(liso y redondo)
Digamos que lo pongo
al sol y doy un sorbo.
(brilla)
Digamos que lo miro
de frente
para no volver a olvidar
(cómo olvidarlo)
Digamos que respira.
lunes, 7 de septiembre de 2015
Caducidad
Caduca todo,
casi siempre,
menos
-casi-
-casi-
todas tus formas
de no estar.
Queda en la voz
el silencio
exhaustivo
de tu nombre.
Queda en la voz
el silencio
exhaustivo
de tu nombre.
domingo, 6 de septiembre de 2015
miércoles, 29 de julio de 2015
Sueño de la noche anterior
¡Qué curioso! Una escena doméstica en la cocina con mi padre, y un insecto que se convierte en jabón de manos y escapa. Asco.
Yo, vestida de noche fumo un cigarro. Sola.
Una comida familiar en cualquier lado: empiezan a sonar reproches como lluvia. Yo intento la calma pero me siento triste. Mi madre acaba de morir por segunda vez.
Salgo a la calle con un plato de arroz en las manos y encuentro un camino que me invita a seguirlo. Es muy verde y cuesta arriba.
Camino largo rato y agradezco el cansancio, sigo subiendo, escucho que el camino lleva a Rusia, lo ignoro, escucho una voz en ruso, sigo subiendo, uno que viene en dirección contraria me hace reír, sigo subiendo.
Se siente bien saber que estoy tan lejos. Tengo tiempo antes de tener que volver a preguntarme a dónde voy.
Llegué a un pequeño barco de turistas, me instalo. Se acercan voces familiares, no me inmuto. Tienen hambre, yo no. Me dejan sola.
martes, 7 de julio de 2015
Cara o cruz
La moneda dijo águila y el
corazón de Sara empezó a latir con fuerza; ese día, águila significaba salir de
casa sin lentes. Mala suerte… pensó mientras hurgaba en su armario, tratando de
dar con el tacto suave de la tela del abrigo verde. Lo encontró con facilidad.
Estaba por cumplir seis meses de ceguera y, si bien dominaba ya el arte de
moverse por su apartamento sin tropezar y le había tomado cariño a Bruno, su
perro lazarillo, todavía se avergonzaba de salir a la calle sin lentes oscuros.
Ella lo consideraba ridículo, por supuesto, pues
además de que sabía que no había nada de desagradable en sus ojos (salvo, tal
vez, la mirada perdida) a su juicio constituía un desequilibrio en el orden de
las cosas el que un ciego se preocupara por cómo se veía. Para Sara aquello era
el colmo del absurdo y no podía tolerarlo, pero la vergüenza no se iba, no
lograba dejar de sentirse desnuda sin las gafas. Así fue como nació el ritual
del azar, aproximadamente a un mes del accidente y tan pronto como ella fue
capaz de saber, por el tacto, de qué lado había caído la moneda.
Apenas terminó de vestirse, tomó su habitual café
con leche y se preparó para salir. Cogió su bolso y un paraguas, el aire olía a
nublado, y llamó a Bruno mientras buscaba las llaves sobre la mesita del
recibidor; su mano dio accidentalmente con las gafas y en ese momento se sintió
tentada a mentirse a sí misma y repetir el volado, tal vez había suerte… No
pudo hacerlo, la sensación de la mirada de decepción del perro la abrumó de tal
manera que sintió ganas de echarse a llorar.
Ya en la calle pidió fuego a un muchacho que se
acercó para ayudarla a cruzar y comenzó a fumar. Desde que estaba
ciega fumaba menos, no porque se lo hubiera propuesto, simplemente había dejado
de hacerlo en su casa por miedo a dejar cenizas por todos lados. Sara sonrió
ante este pensamiento, era la primera vez que le encontraba una ventaja a su
condición.
No quiso dejar que fuera la única, la espontánea
inmersión en un mundo completamente nuevo tenía que conllevar ventajas, sólo
debía aprender a buscar. Paseó por el parque largo rato y empezó a darse cuenta
de que percibía los olores con mayor claridad, incluso sabía en qué parte del
camino se encontraba en función de la intensidad de cada aroma: los cítricos
indicaban que estaba en la primera bifurcación, el olor a tierra mojada le
avisaba que se acercaba a la rotonda y a su fuente, mientras que un olor
intenso que aún no sabía clasificar la invitaba a darse prisa porque anticipaba
la zona en que jugaban los niños.
Entonces recordó la moneda. La llevaba siempre
consigo aunque sólo la utilizaba una vez al día, por la mañana. Pensó que
podría sacarle más provecho. ¿Por qué limitarse a dejar el uso de los lentes al
capricho del azar, cuando éste parecía estar presente todo el tiempo? Lo más
inteligente era jugar su juego.
A partir de ese momento Sara resolvía con el
ritual del azar cualquier decisión a la que tuviera que enfrentarse, desde la
ropa que usaría ¿El vestido que está en el extremo izquierdo o el de la
derecha?, ¿Contestar o no el teléfono? Todo quedó supeditado al ritual del
azar, y Sara por fin pudo dormir tranquila.
sábado, 16 de mayo de 2015
Lecciones
Mi madre me dejó
lecciones
para sobrellevar
un domingo por la tarde
en sobrecitos
que sólo se dejan ver
a contraluz,
cuando estás
cansado
de respuestas
en falso.
Me dejó también
las palabras justas
en la boca.
Incomprensibles verdades,
silencios incomprensibles,
verdes tardes
enmohecidas de espera
y sobresaltos.
Sin ranas
que me dieran pistas
-con su ronco croar-
de la pregunta
que se pudre en el fondo.
miércoles, 13 de mayo de 2015
Recuerdos
Recuerdos prendidos
en
el
aire
como garrapatas
dóciles.
Mermando
la rutina del silencio
de estar solo,
y mi rumiante costumbre,
de estorbarle.
viernes, 1 de mayo de 2015
Memoria
Perdí la paciencia
a gajos,
que luego pisé:
atenta al crujir de
su sabor
para jugar al
columpio
entre grietas colmadas
hasta el
atardecer
de tu sonrisa.
El hinalar de mis
hombros
como un ramo de
hormigas
tras la lluvia:
hinchadas de
llorar
soledades a punto
de turrón,
tuertas de sal
que no escarnece.
Se me fue el sol
de la memoria
del cuerpo,
en el abrazo.
domingo, 26 de abril de 2015
Confesión a destiempo
Podría decir que no me importa, que escribo para mí y el resto me da igual, si me leen o no, si les gusta o no... allá ellos, allá todos, podría decirlo justo como acabo de hacerlo, tan podría. El problema es que es mentira.
Me gusta lo que hago el problema es que para hacerlo como me gusta necesito tiempo, que no tengo, y por eso me tomo el tiempo que tenía para hacer las otras cosas que me gustan.
Me encuentro entonces, señores del jurado, en un continuo lance contra el tiempo. Como es por todos conocido que no tengo posibilidad alguna de ganar ¿podrían dejarme ir, señores del jurado?
Todavía hay muchas cosas que me gustan y necesitan tiempo, que no tengo.
Si robarles el suyo me sirviera de algo, no dudaría en hacerlo, señores del jurado pero, desgraciadamente, no es el caso.
sábado, 11 de abril de 2015
Crónica de una sala de espera
Para Rocío, Maricarmen, Lucía y Javier
El avión a Estambul está conectado con el avión a Madrid, que a su vez lleva detrás al avión al D.F.
El avión al D.F. sale a las 4:00 o a las 4:20, o a las 6:00, o a las 6:30, o a las 8:40 la verdad es que ya no sabríamos decirle, señorita, a qué hora sale su avión. No, a usted tampoco joven que viaja a Narita, (¿Qué se le perdió a usted en Japón, si se puede saber?). Sí... que a ese hombre lo mandamos en otro vuelo porque es muy mayor, y japonés (faltaría más) un poco de consideración joven de lentes que viaja a Narita.
¿¡Madrid!?, ¡¿Madrid?! En realidad mi nombre es otro, pero saber el tuyo tampoco me importa, con esto basta. Así, en esta frustración anónima y eufórica vamos uniendo fuerzas, compartiendo sonrisas cómplices, aspavientos y miradas de desaprobación a la señorita yo-sé-que-esto-no-es-su-culpa-pero-podría-decirme- del mostrador.
No puede, claro que no puede, es lo que quieren decir los hombros de la viuda del español, que está tan arrepentida de haber cedido al impulso de patriotismo que la empujó a viajar por ésta línea de mierda, si me disculpan la expresión.
Claro que se la disculpamos, señora, y tampoco nos parece mal que se haya ido al barecito de enfrente a tomar unas copas; aseguro con la madre de una familia numerosa que suelta el cuerpo y se suma a regañadientes a la resignación a un tiempo airosa y sonriente de la señora de las copas del barecito de enfrente.
jueves, 26 de febrero de 2015
Malabares
Desde el doblar
-mi sombra-
-mi sombra-
cada esquina
seguida por mis
pasos
con cautela,
de no insultar
el ángulo
el ángulo
que impone
el sol a los
hombres
sobre el rincón
de la locura
inhabitable.
de la locura
viernes, 20 de febrero de 2015
Sin ánimo de nada
Muéranme un momento
despacio,
y sin aviso.
Necesito un recuerdo
donde verter el nombre
que indulta
el infinito.
O muéranme un momento
sin ánimo de nada.
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Fe
No es que no tenga fe, lo que no tengo es dios. Es cierto. La gente me dice cosas y yo les creo. Cosas que no he visto ni pod...
















