Hoy me pierdo. El
suelo me rehúye, se aleja un paso a cada paso que doy como el horizonte. No,
como si me temiera.
Me detengo y
espero, a ver si estando quieta le da por acercarse. Fallo. Sólo atardece.
No le devuelvo la
sonrisa al reflejo que me mira desde un charco porque es mío y el gesto de
segunda (se nota en las comisuras).
Intento borrarlo
de una pedrada. Fallo. Reaparece y encima tengo una mancha en el rostro.
Sonrío. Ahora es
el agua la que no me corresponde. La piedra le comió la boca.
Pienso en llorar
pero llueve, así no tiene caso, pienso.
Y me dedico a
perseguir a mi sombra por la calle hasta que se hace tan larga que le pierdo el paso.
Me rindo.