Bienvenidos sean a esta cueva. Es un lugar casi siempre oscuro, aunque de vez en vez algún evento natural que responde a causas ignotas o inexistentes (no ha sido posible establecerlo) da un golpe a la penumbra. Entonces este animal se vuelve hacia las paredes y lee lo que a continuación les comparte.
En aras de la justicia se ha de decir que no siempre es fortuito, algunas veces, haciendo de tripas corazón y siempre con una mano pegada a la pared, busca las grietas; otras tantas, se concentra en habituar los ojos a la oscuridad. Algunas cosas se leen mejor así.

jueves, 19 de diciembre de 2013

Cadáver Exquisito


Con la anuencia de todos los participantes les comparto este cadáver exquisito cuyos autores son: Alejandra Apodaca, Alejandro Cabello, Andrea Díaz, Daniel Gómez y Gina Kincowitch. 

PARTE 1:
Mariano se movía inquieto por su habitación, revolviendo los cajones de su armario sin saber exactamente qué buscaba; sentía que olvidaba algo y se le estaba haciendo tarde para entregar el manuscrito de su obra. Tenía hasta las 6:00 para llegar al despacho de su jefe, el Sr. Toscano, un hombre bajito y feo quien figuraba en su imaginación como un eunuco hedonista que se había extraviado de alguna suerte de tragicomedia que, seguramente, no había leído completa antes de rechazar. 
   La ligera irritación que provocaba la forzada parsimonia de sus movimientos y su reposado tono de voz, siempre plagado de eufemismos había evolucionado en Mariano hasta convertirse en un odio indeleble. Pero era su jefe, qué podía hacer. 
   Miró el reloj. No quedaba tiempo de seguir buscando (tal vez ni siquiera se le olvidaba nada), se enfundó el impermeable púrpura que le había regalado Julia, la mujer con quien mantuvo un romance en que ninguno de los dos hizo gala de madurez o compasión o, en pocas palabras, su exnovia. Bajó corriendo las escaleras y se dirigió al número 25 de la calle Mandrágora.
   Eran las 5:48 cuando se plantó delante del elevador oxidado. Entró, pulsó el número 8 y esperó. Con una ligara vibración el viejo aparato comenzó a desplazarse hacia arriba.   

PARTE 2:
Cuando estaba a punto de llegar al piso que le correspondía, Mariano sintió una fuerte punzada que le recorría toda la cabeza, miró a su alrededor pero recordó que iba solo, aguantó hasta que pudo salir de ahí y de inmediato corrió a la primera silla que pudo encontrar. El dolor era constante y muy agudo, se tocaba la cabeza y gemía con esperanzas de que se le pasara rápido. Sentía que algo lo estaba consumiendo y lo atravesaba como un filoso cuchillo lleno de odio. Estaba a punto de gritar cuando su vista se nubló.
   No pudo definir cuánto tiempo estuvo inconsciente pero de pronto el dolor cesó. Mariano movió la cabeza de lado a lado para asegurarse de que efectivamente se había disipado. Pudo notar que algo a su alrededor había cambiado, percibía todo de manera diferente. El jarrón que estaba frente a él con un par de rosas rojas lucía exquisito, podía diferenciar entre la textura de sus hojas y pétalos. Afuera en el ruido de la ciudad, era capaz de saber de dónde provenían los diferentes sonidos que se mezclaban para darle lugar al ambiente fugaz de esa gran metrópoli.
   Se sentía diferente pero no lo podía explicar. Miró su reloj y desde las 5:48 que se plantó frente al elevador para subir con el Sr. Toscano sólo habían pasado cuatro minutos, eso lo desconcertó pues sintió que había sido una eternidad. No le dio mucha importancia, por fin llegó a la puerta del despacho de su jefe y giró la perilla para entrar. Sólo deseaba que el manuscrito de la obra que llevaba en sus manos fuera de su agrado.

PARTE 3:
Aunque el dolor había cesado, dejó cicatriz. Mariano, todavía titubeante y extraviado de sí mismo hizo un saludo levantado la mano izquierda,  con la que cargaba el  manuscrito de la obra que debía entregar, con la otra ayudaba a su cabeza. Sólo atinó a decir:

–Buenas.  El Sr. Toscano, hablaba por teléfono, se limitó a echarle una mirada y mover el cuello hacia algún lado para indicarle que podía entrar. Caminó en dirección a la silla que estaba frente a su jefe.
   Sin darse cuenta, Mariano no podía dejar de ver el ventanal, se concentraba tanto en los bordes de fierro y en los cortes del vidrio, que pensó seriamente que él podría ser un buen herrero. Lo meditó por tanto tiempo, que cuando el Sr. Toscano colgó la llamada, Mariano ya se había olvidado qué estaba haciendo allí.

     -¿Qué pasó Mariano, ya tienes el manuscrito?
Mariano hizo un enorme esfuerzo para prestar la atención que debía y, regresando los ojos donde su jefe le dijo:
     -¡Sí!  -muy efusivo. Después entre dientes un tenue -Señor Tos…cano.
Al tiempo que extendía la mano para ofrecerle un legajo de hojas, por suerte engargoladas (sino qué hubiera sido de ellas cuando Mariano se descubrió semiconsciente).
     -¡Pero qué es esto! –gruñó su jefe –es una broma de un gusto muy estúpido Mariano, ¿qué tratas de obtener?
     -Pe… Pero Sr. Toscano, no lo entiendo, ¿qué es lo qué está pasando? es el manuscrito en el que trabajé los últimos seis meses.
Mariano se sentía y se sabía tan diferente después de esos cuatro minutos, que no pudo hacer otra cosa más que arrebatar de las manos del jefe el cuadernillo que acababa de entregar, sólo para darse cuenta, al hojearlo, que estaba completamente en blanco, allí no había nada.

   No volteó más al ventanal, ni a ver a su jefe, sintió el impulso de correr. Lo hizo.Notó que sus pies no tocaban el piso, flotaba. Pero en realidad sólo era su propia necesidad de verse engullido esperadamente por el mismo infierno y desaparecer, sin dar una explicación que no traía puesta antes de entrar por la puerta.

PARTE 4
¿Dónde estaba el trabajo que, sabía, debía estar en lugar del legajo de hojas blancas? ¿Cómo podía siquiera saberlo? ¿Había acaso sufrido un episodio novelesco de amnesia? Pero, ¿cómo recordar lo que no se sabe si se supo en algún momento, sin tener una pista, una huella, un indicio, una silueta, una sombra, un destello, un escozor, un eco, un regusto, un bosquejo, vamos, un cabo suelto? 
   Peor aún, su único hilo conductor era un paquete de hojas engargoladas en las que nada había escrito y que, en principio, algo tenían que contener. ¿De qué manera, pues, habría de proceder si su punto de partida era una ausencia hasta ese instante indistinguible del vacío?

-¡Explíquese, pues, y quite esa cara de idiota!- demandó el señor Toscano, devolviendo inmediatamente su gruñido iracundo una pizca de realidad al embrollo que era la cabeza de Mariano.

-Precisamente lo que intentaba, señor, pero resulta mucho más difícil de lo que podría haber imaginado. Lo que no logro entender es cómo saber si he olvidado algo o si simplemente nunca lo supe.

-¡Qué estupidez! Pero claro que se puede saber si algo se ha olvidado... por mi madre si recuerdo cómo hacer una raíz cuadrada, pero sé que cuando era chico lo aprendí.

-¿Y cómo sabe que en verdad lo aprendió?

-¿Estás cuestionando mi educación? Porque puedo demostrarte que atendí a las mejores escuelas que este país de mierda puede ofrecer.

-No, no, señor. Lo que intento decir... imagínese que no recordara haber ido a la escuela y que alguien le preguntara si alguna vez aprendió cómo hacer una raíz cuadrada. ¿Qué podría responder?

-Bueno, pues que alguien como yo alguna vez debió interesarse en el tema y lo aprendí por mí mismo.

-¡Pero si no recuerda!

-Entonces lo habré olvidado.

-¿Y como le demostraría al otro que lo olvidó y no que nunca lo supo?
-Haciéndolo, claro está.

-Discúlpeme, señor, pero no creo que usted pueda hacer algo que ha olvidado. Como verá, esa es toda la explicación que puedo ofrecerle: hace cerca de diez minutos he despertado sentado en una silla, sin saber nada más que debía entregarle ese trabajo; así que, o he olvidado qué sucedió con mi trabajo, o bien nunca he sabido qué ocurrió con él.

PARTE 5
“Sobre los lugares que no son. Sobre los lugares que no son, se construyen grandes y complejas estructuras solamente inteligibles para las mentes más  creativas, con el menor vínculo de las “pizcas” de realidad.

   El hipervínculo en el sentido de lo estrictamente tocable, de lo que se puede ver, sentir, admirar, adquiere un ínfimo ser en cuanto a su forma de lo real. ¿Qué es lo real? ¿Es real la realidad? Lo real sólo son migajas de lo imaginario desarticulado; ver grandes extensiones en una infinita variedad de verdes en sus variopintas tonalidades, un pájaro, un árbol y cuanta diversidad de formas, animadas e inanimadas, sólo donde no las hay; casualmente existen allá donde no las hay.

   Se invocan escenarios de sueños recurrentes: una sala, una pequeña caja de madera que es el sostén de un viejo televisor, la parte de atrás compuesta por la cocina en la que miles de cerditos han sido cocinados y posteriormente engullidos por un puñado de trogloditas.”

PARTE 6:
Tales pensamientos abandonaron a Mariano y a su impermeable, para fundirse con el viento mientras caminaba de regreso a casa; sin embargo, estos fueron a impactársele a Julia en la cara acompañando a las gotas de lluvia, mientras ella contemplaba, primero distraída, la mancha púrpura que se desplazaba con dificultad seis pisos debajo de la ventana por la que ella se asomaba. Sonrió ante la idea de lanzarle algo y aplastarlo, como en las caricaturas. No lo hizo.

   Lo perdió de vista y pronto se encontró de nuevo absorta en las divagaciones que la habían llevado a la ventana; la coreografía del humo de su Faro (sin filtro) al ritmo del viento le recordó su infancia junto al mar, con el mar llegaron sus abuelos, y con ellos los cuentos de antes de ir a dormir.  
Podría llorar –pensó- pero ya las gotas de lluvia rodaban por sus mejillas, y no hacía falta el gesto para que su tristeza fuera más real.  

PARTE 7
Sólo derramó una lágrima y sintió unas ganas voraces de escribir para perderse en las palabras y olvidar todo lo que estaba pasando.
A medida de que lo hacía, su odio dominaba el control de la escritura y no dejaba de pensar en Mariano. En lo que habría pasado si no lo hubiera perdido de vista mientras lo miraba por la ventana, o si en realidad habría sido capaz de aventarle cualquier cosa y hacer que desapareciera de su vida (y de la faz de la tierra).
   No despegó su mirada del cielo, contemplaba un atardecer carmesí con las últimas gotas de lluvia. Había algo en esa lluvia, un veneno que de pronto la volvió fría y calculadora, dándose cuenta de su realidad. Inmediatamente su semblante cambió y se quedó estática mirando fijamente hacia un libro de armas de fuego que era de su abuelo. 
   Le vino una idea, vaga pero que creía sería la solución a todo, nunca antes se había sentido con tantas ganas de hacer algo sin pensarlo tanto. Enseguida corrió por la habitación buscando su abrigo y se dirigió hacia la puerta, de nuevo al exterior, para ver si eso que buscaba le podría devolver la vida. 
    Julia había perdido la razón.

PARTE: 8
Al abrir la puerta, las gotas de lluvia volvieron a sonar como alubias contra el piso. La calle, cada vez más parda, no pudo impedir que Julia se olvidara de la idea tan arrebatada que le había brotado como recién salida de la tierra. Se ciñó el abrigo, caminaba desquiciada, con los ojos más que abiertos, las manos pulsantes,  y si te detienes a mirarle la quijada sabrás que no cabía ni el aire. 
   Como perra de caza fue siguiendo el olor de Mariano que no le llevaba mucha ventaja, dobló en la primera cuadra a la derecha, caminó catorce minutos más y volvió a doblar a la derecha, Julia no sabía adónde iba, y no le importaba, pero en su demencia sabía que estaba por llegar, su corazón brincaba, le regresó el flashazo del libro de armas de fuego de su abuelo.
   Vio a Mariano corriendo con desatino, como si supiera que alguien le seguía. Era torpe, en algún punto de la calle de casa de Julia, había errado el camino a la suya. Lo contrario de Julia, quien apresuraba los pasos hacia una roca que brillaba casi llamándola (aunque quizá era el reflejo de la luz en el agua); la tomó entre las manos, le rezó, apuntó a la cabeza de Mariano y no falló. 
Él cayó de bruces sobre el pavimento mojado, en ese instante cesó la lluvia de nuevo, quizá era porque Julia la controlaba, no se sabe.
Julia volviendo en sí, gritó desesperada -¡Mariano!- Pero Mariano no despertó, ahora él era el inconsciente.

Parte 9
Apurada, sin preocuparse por sortear los charcos productos de una lluvia rendida, Julia corrió hasta el cuerpo de Mariano y lo pepenó infructuosamente, ¡el libro de su abuelo no estaba!  Ya no, ni en su mente, ni en su mano. Se tiró al piso, tan inmóvil como el cuerpo que junto a ella mojaba con su sangre el agua caída del cielo.
    ¡Qué desperdicio -pensó delirante-, morir para regar las aguas, como si les faltara!
    Se incorporó frustrada. Una solitaria gota de lluvia se adelantó, bañando los ojos de Mariano del espectro de su último arco iris.
    ¡Bah, él recibe belleza y yo debo desandar sus pasos! ¡Absurda justicia poética!
    Caminó en espiral, con el delirio doblando su espalda, investigando el suelo en busca de las huellas, pero el agua ya las había bebido.

-¡Maldita -aulló-, sedienta de huellas y sangre, deja algo para quien algo busca sin encontrar! ¡Si te has atrevido a culparme, arrancaré, una a una, por pequeñas que sean, todas tus gotas y las expondré al calor del fuego o a los rayos del sol mientras miras, bastarda!

Parte 10
Mariano se despertó agitado, sudoroso, al borde del grito en una cama que no era la suya, con la sensación de ya haber estado allí. Pensó, tocándose la cabeza, ¿todavía? ¿Qué hace ese maldito dolor aquí? De a poco, miró las cosas de la habitación: la lámpara que había comprado para el escritorio, el armario que tenía el cajón en el que había dejado el manuscrito, el ventanal casi idéntico al de la oficina del Sr. Toscano.
    Sin darse cuenta, reconoció, ¡Pero si era la casa de Julia! -cómo era posible si ayer… si yo llegué a…-pensaba y  lo único preciso era el dolor de cabeza. Nada era claro, sólo el dolor punzante, el delirio de persecución, la lluvia que todavía sonaba, el impermeable purpura en la silla como si lo hubieran dejado adrede para estilarlo,  la charla rarísima con su jefe, las flores del florero, el elevador, su manuscrito…

   Julia aparece como sombra, larga, oscura, separada. Mariano la mira desorientado y con escalofríos. Ella se recarga en el ventanal y saca del último barrote el cigarro que no había terminado la noche anterior; lo enciende, lo fuma y al tiempo de exhalar el humo, sólo dice: Yo fui.

jueves, 31 de octubre de 2013

Desobediencia

Foto tomada por Andrea

Con hambre de paciencia
juega la luz con las hojas
de un almendro que pende
sobre la faz del agua.


Con sed de madrugada
remoja el sol sus palmas
en el eco silente
de una pena marchita.


Con aire de inocencia
corre la luna el telón
de fondo de las aguas
y lo llena de noche. 

martes, 22 de octubre de 2013

Crónica



Hoy me pierdo. El suelo me rehúye, se aleja un paso a cada paso que doy como el horizonte. No, como si me temiera.

Me detengo y espero, a ver si estando quieta le da por acercarse. Fallo. Sólo atardece.

No le devuelvo la sonrisa al reflejo que me mira desde un charco porque es mío y el gesto de segunda (se nota en las comisuras).

Intento borrarlo de una pedrada. Fallo. Reaparece y encima tengo una mancha en el rostro.

Sonrío. Ahora es el agua la que no me corresponde. La piedra le comió la boca.

Pienso en llorar pero llueve, así no tiene caso, pienso.

Y me dedico a perseguir a mi sombra por la calle hasta que se hace tan larga que le pierdo el paso.


Me rindo. 

lunes, 23 de septiembre de 2013

Mensaje hallado en una botella


El tiempo llora su curso en silencio
retrocede y se esconde en estampida
tras mis ojos cerrados al tiempo
y al olvido.

Sola en el umbral del tiempo, espero
mirándome la espalda que tuviera  
y siendo 
la que érase una vez
será dueña de las pupilas
que en otro tiempo nos miren.

Presa de antiguo vértigo presiento
los golpes de un mar violento
se agitan en su orilla
mojándome los ojos.

Y escucho sordo
el zumbar del silencio                                  
que raspa,
como si llevara arena.

Rompo tu ausencia con un grito.
Tiemblo.

Se estremece mi sombra con el viento.
Espero.

¿Qué espero?

A mí te espero. 

jueves, 12 de septiembre de 2013

Pletorávida

Imagen tomada de Internet. 
Nacida sed de lo imposible
en los puños del alma
que con desdén acarician
la derrota de saberse vacíos.
Cuando detrás del párpado
cerrado del tiempo,
se constriñen
como buscando redención
destilan la soledad
con una presión tan suave
que cualquier palabra

sería exceso. 

lunes, 9 de septiembre de 2013

Demencia senil


El crepitar de un beso 
que arde 
-a fuego lento-
en la penumbra suave 
de recuerdos lejanos
perfuma el aire. 

Aunque quizás nunca fue.

¿Qué más da?

Si hoy amuebla tu mirada 
con sonrisas húmedas
que cifran la nostalgia 
de todo lo pasado. 

miércoles, 4 de septiembre de 2013

Niñería


Al cobijo de un silencio trasnochado, escucho a media voz la sombra de los pensamientos que tuve la que soy en tercera persona, y que sólo reconozco en el espejo entornando los ojos.

Por su parte, ella nos mira desde una distancia inexpresable, con unos ojos que coinciden exactamente con los míos, pero no lo saben. Todavía. 

jueves, 29 de agosto de 2013

Nueva cuenta


Hoy no tengo fuerzas para poner distancia. Hoy la muerte se cierne sobre mí como la noche a un náufrago y yo la miro… porque no puedo dejar de mirarla.

Hoy no tengo fuerzas para poner distancia por que se me clava la muerte en el aliento y me inunda los silencios el aniversario de la herida.

Hoy no podría poner distancia aunque quisiera, porque palpita tu muerte en todos los calendarios, que apuntan sin saberlo a la fecha en que naciste.


Hoy no hay distancia, porque hoy se suma un año a la presencia de tu ausencia y yo no sé dónde poner el abrazo que no puedo darte. 

domingo, 25 de agosto de 2013

Ejercicio Sinestesia I


Con la vista nublada de paciencia
espera aunque nadie venga.

El tiempo moja su cara en silencio
mientras el eco de su angustia
se ahoga en sollozos solitarios.

Entonces escucha pasos 
que equivocaron su curso
girar sobre los talones 
de un error antiguo.

Y se concentra en congelar 
la ilusión en su pecho

para tener fuerzas
para seguir esperando.

jueves, 22 de agosto de 2013

Abrazo


Me gustaría
(por las noches)
envolverte
como a las cosas
su nombre
-verdadero-
en un abrazo
imposible.

Pero escapas 
a través del tiempo 
y la memoria
de la piel 
y el silencio
de la palabra abrazo.

domingo, 18 de agosto de 2013

Laberinto


Donde mi lado ciego
escribo letras
para nadie
que llevan tu nombre
a ningún sitio.

Para luego encontrarlas,
jugar a no reconocerlas
y vuelta a empezar.

Hasta descubrir 
que sólo seguía el eco
de mis propios pasos
perdida
donde mi lado ciego.   

miércoles, 14 de agosto de 2013

Retrato hablado



Es pequeña y, a veces, se siente. Le gustaría saber cómo es que los demás la ven y, a veces, que no le importara demasiado. Dice que no le gustan los espejos porque siente que la miran, aunque confiesa no tener nada en contra de su reflejo con cara de niño y su poca vanidad la achaca a un resabio de lo que en algún momento fue rebeldía convertida en costumbre.

Nacionalidad tiene dos o ninguna y una historia, que a ratos cambiaría por un paquete de cacahuates o un elote con queso. Es distraída desde la risa hasta la desesperación (propia y ajena) y carece por completo de sentido de la orientación, el resto no presenta mayores problemas.

Necesita lentes sólo para ver de cerca, tal vez debido a un gesto de cortesía inútil de su cuerpo, empeñado en recordarle que es lo más difícil, aunque bien podría tratarse de un defecto cualquiera.  

Aunque es tímida, gusta de hablar por las ramas y considera que es de un reduccionismo irrisorio pensar que las conversaciones han de llevar siempre a algún lado.

Le teme a la locura más que a cualquier otra cosa, aunque si le preguntan por qué tendría que confesar que no lo sabe, porque hasta donde sabe, ésta sólo se ve desde afuera.


Señas distintivas: ninguna. 

Objetos cotidianos


Dejadas de la mano del tiempo
se esconden
en la rutina
señales de tu ausencia.

Disfrazadas de descuido
se esfuerzan  (en vano)
por rasgar la piel de la memoria
y volver a ser objetos cotidianos.

Que nadie se atreve a decir
que no se atreve a tocar,
porque sabemos 
en silencio
que alteraría el orden
inexorable
del olvido.

martes, 13 de agosto de 2013

Agua con sal

Agua con sal.
Arcoíris que bailan en mis ojos
que yo no puedo ver
-quisiera-
romperme como un cántaro
y dejarla salir toda de una vez.

Rodar por el suelo
                           bajando
                                       una
                                             pendiente 

hasta agotarme y
exhausta,
dejarme alcanzar por el Sol
evaporarme y
ya sin sal,
llover.  

jueves, 1 de agosto de 2013

La cueva




Bienvenidos sean a mi cueva. Es un lugar casi siempre oscuro, aunque de vez en vez algún evento natural que responde a causas ignotas o inexistentes (no ha sido posible establecerlo) da un golpe a la penumbra. Entonces este animal se vuelve hacia las paredes y lee lo que a continuación les comparte.
En aras de la justicia se ha de decir que no siempre es fortuito, algunas veces, haciendo de tripas corazón y siempre con una mano pegada a la pared, busca las grietas; otras tantas, se concentra en habituar los ojos a la oscuridad. Algunas cosas se leen mejor así.

Fe

No es que no tenga fe,  lo que no tengo es dios.  Es cierto.  La gente me dice cosas y yo les creo.  Cosas que no he visto ni pod...