Bienvenidos sean a esta cueva. Es un lugar casi siempre oscuro, aunque de vez en vez algún evento natural que responde a causas ignotas o inexistentes (no ha sido posible establecerlo) da un golpe a la penumbra. Entonces este animal se vuelve hacia las paredes y lee lo que a continuación les comparte.
En aras de la justicia se ha de decir que no siempre es fortuito, algunas veces, haciendo de tripas corazón y siempre con una mano pegada a la pared, busca las grietas; otras tantas, se concentra en habituar los ojos a la oscuridad. Algunas cosas se leen mejor así.

domingo, 26 de abril de 2015

Confesión a destiempo


Podría decir que no me importa, que escribo para mí y el resto me da igual, si me leen o no, si les gusta o no... allá ellos, allá todos, podría decirlo justo como acabo de hacerlo, tan podría. El problema es que es mentira. 

Me gusta lo que hago el problema es que para hacerlo como me gusta necesito tiempo, que no tengo, y por eso me tomo el tiempo que tenía para hacer las otras cosas que me gustan. 
Me encuentro entonces, señores del jurado, en un continuo lance contra el tiempo. Como es por todos conocido que no tengo posibilidad alguna de ganar ¿podrían dejarme ir, señores del jurado?
Todavía hay muchas cosas que me gustan y necesitan tiempo, que no tengo. 
Si robarles el suyo me sirviera de algo, no dudaría en hacerlo, señores del jurado pero, desgraciadamente, no es el caso.  

sábado, 11 de abril de 2015

Crónica de una sala de espera




Para Rocío, Maricarmen, Lucía y Javier

El avión a Estambul está conectado con el avión a Madrid, que a su vez lleva detrás al avión al D.F.

El avión al D.F. sale a las 4:00 o a las 4:20, o a las 6:00, o a las 6:30, o a las 8:40 la verdad es que ya no sabríamos decirle, señorita, a qué hora sale su avión. No, a usted tampoco joven que viaja a Narita, (¿Qué se le perdió a usted en Japón, si se puede saber?). Sí... que a ese hombre lo mandamos en otro vuelo porque es muy mayor, y japonés (faltaría más) un poco de consideración joven de lentes que viaja a Narita. 

¿¡Madrid!?, ¡¿Madrid?! En realidad mi nombre es otro, pero saber el tuyo tampoco me importa, con esto basta. Así, en esta frustración anónima y eufórica vamos uniendo fuerzas, compartiendo sonrisas cómplices, aspavientos y miradas de desaprobación a la señorita yo-sé-que-esto-no-es-su-culpa-pero-podría-decirme- del mostrador. 

No puede, claro que no puede, es lo que quieren decir los hombros de la viuda del español, que está tan arrepentida de haber cedido al impulso de patriotismo que la empujó a viajar por ésta línea de mierda, si me disculpan la expresión. 

Claro que se la disculpamos, señora, y tampoco nos parece mal que se haya ido al barecito de enfrente a tomar unas copas; aseguro con la madre de una familia numerosa que suelta el cuerpo y se suma a regañadientes a la resignación a un tiempo airosa y sonriente de la señora de las copas del barecito de enfrente. 

Fe

No es que no tenga fe,  lo que no tengo es dios.  Es cierto.  La gente me dice cosas y yo les creo.  Cosas que no he visto ni pod...