Para Rocío, Maricarmen, Lucía y Javier
El avión a Estambul está conectado con el avión a Madrid, que a su vez lleva detrás al avión al D.F.
El avión al D.F. sale a las 4:00 o a las 4:20, o a las 6:00, o a las 6:30, o a las 8:40 la verdad es que ya no sabríamos decirle, señorita, a qué hora sale su avión. No, a usted tampoco joven que viaja a Narita, (¿Qué se le perdió a usted en Japón, si se puede saber?). Sí... que a ese hombre lo mandamos en otro vuelo porque es muy mayor, y japonés (faltaría más) un poco de consideración joven de lentes que viaja a Narita.
¿¡Madrid!?, ¡¿Madrid?! En realidad mi nombre es otro, pero saber el tuyo tampoco me importa, con esto basta. Así, en esta frustración anónima y eufórica vamos uniendo fuerzas, compartiendo sonrisas cómplices, aspavientos y miradas de desaprobación a la señorita yo-sé-que-esto-no-es-su-culpa-pero-podría-decirme- del mostrador.
No puede, claro que no puede, es lo que quieren decir los hombros de la viuda del español, que está tan arrepentida de haber cedido al impulso de patriotismo que la empujó a viajar por ésta línea de mierda, si me disculpan la expresión.
Claro que se la disculpamos, señora, y tampoco nos parece mal que se haya ido al barecito de enfrente a tomar unas copas; aseguro con la madre de una familia numerosa que suelta el cuerpo y se suma a regañadientes a la resignación a un tiempo airosa y sonriente de la señora de las copas del barecito de enfrente.

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